El Master of Wine inglés Tim Atkin visitó Perú por segunda vez. En una apretada agenda de dos días, cató más de 80 etiquetas de bodegas grandes y pequeñas, más tradicionales y nuevas, en una muestra representativa de lo que sucede en el mundo vitivinícola nacional.
Por Vanessa Rolfini Arteaga @rutasgolosas
La primera vez que estuvo en Perú, fue en 2022, cuando la noticia apareció en redes sociales con una fotografía de Atkin en Machu Picchu con un polo con la inscripción “Perú hace vino”. En ese entonces, cató más de 102 vinos de todas las regiones, de los cuales 50 integraron la sección Perú Special Report en 2023.
Durante la entrevista a Sommelier narró que tiene predilección por las variedades Quebranta, Negra Criolla y Albilla, que asocia con el Listán Blanco de Tenerife y la uva Palomino en Jerez, España. Afirma que estas variedades arrojan vinos con “savery”, expresión anglosajona referida a vinos secos, con notas ligeramente saladas y vegetales, con una gran expresión y umami. “Los rosados de Quebranta me gustan mucho”, afirmó Atkin.
¿Cómo llegó el vino peruano a sus manos? ¿Qué le llamó la atención?
El productor de vinos y pisco Pepe Moquillaza me dio algunas botellas de sus vinos en 2020 y me encantaron. Entonces, me animé a venir en 2022. Me llamó la atención la existencia de variedades distintas, sobre todo las criollas. Además, de la comida, que quería probar. Sí, aprender más de los vinos peruanos me trajo hasta aquí y me sorprendieron mucho, más de lo que esperaba.
¿Ha visitado los viñedos del sur de Perú, en Moquegua, Tacna y Arequipa?
No, pero me encantaría ir.
¿Qué busca en un vino? ¿Qué lo impresiona, flecha o enamora?
Resulta una respuesta muy difícil porque es muy personal. Pero busco un vino que me hable (risas). Lo digo en sentido figurado. Vinos con personalidad, con algo distinto. Aquí en Perú encuentro esto en los vinos de Murga, por ejemplo. Su enóloga Pietra Possamai, está haciendo vinos con identidad casi imposibles de imitar, porque hace lo que le gusta, no para mercados o conocedores. Hace su propio estilo, uno que refleja su entorno.
¿Qué le falta al vino peruano para estar a la par de su gastronomía?
Calidad, calidad, calidad. Para empezar. Hay que encontrar lugares para hacerlos, escoger de una manera muy puntual terroirs frente a la costa, especialmente, los elaborados con variedades autóctonas. Buscar otros terruños como los de altura; por ejemplo, APU Winery de Apurímac, tiene muy buenos vinos, así como el Tannat de Viñedos del Inca en Cusco, donde encontré frescura, identidad, algo distinto.
¿Cómo presentaría los vinos peruanos al comenzar una cata?
Es súper difícil porque Perú tiene de todo. Posee las variedades que encuentras en muchas partes del mundo como Tannat, Cabernet Sauvignon, Malbec, Sauvignon Blanc, entre otras. Perú puede hacer buenos vinos con esas variedades, aunque su problema es que no puede competir o le es más difícil hacerlo, con países que tienen una mayor producción y ofrecen opciones más baratas. Quitando los viñedos para vinos de mesa y pisco, lo que se destina a vinos tranquilos es poco. Lo interesante para Perú es tener este vínculo con el pasado y la presencia de sus variedades autóctonas y sus respectivos cruces.
Un consejo final al consumidor peruano, que da la impresión, no termina de confiar en sus vinos.
Que hay que probarlos. La gente me dice que a los peruanos les gusta más el vino dulce y lo entiendo perfectamente, porque a todos nos gustan los sabores dulces. Pero yo probaría un vino seco de vez en cuando. Empezaría con un Sauvignon Blanc, un Merlot, un Chardonnay, es decir, variedades ya conocidas y más secas. Si les gusta o no es otra cosa, pero ya lo han probado. Pero, para que el vino peruano triunfe, primero debe tener éxito en su propio país.