La bodega chilena Maturana Wines comenzó literalmente haciendo vinos de “garaje”, cuando en 2010 tres cubas de mil litros cada una se instalaron en la casa de los padres del enólogo José Ignacio Maturana, quien se sumó a los vinicultores que se aventuran o atreven a mostrar otras expresiones de las vides. A esto se agrega la búsqueda de variedades de uvas no tan conocidas, que para esta bodega resultan un tesoro.
Por Vanessa Rolfini @rutasgolosas
José Ignacio Maturana se planteó producir vinos que le permitiesen expresarse en primera persona, abordar lo que había hecho por años con otro enfoque, ya que venía de trabajar con bodegas grandes como Casa Silva. Desde el principio, el objetivo era diferenciarse en un mercado que está “bien apretado” a su manera de ver. Su ecuación consiste en “máxima expresión, máximo detalle, mínima intervención, mínima escala y mejor precio”.
En el camino, se sumó su hermano Sebastián Maturana en el área comercial. Lo que conformó un equipo familiar, que materializó una forma de trabajo con la que soñaba José Ignacio después de su paso por el sur de Francia. De este modo, se conformó la primera generación de una bodega que actualmente exhibe en su portafolio 19 etiquetas, presentes en más de 26 países.
El entusiasmo de José Ignacio Maturana resulta contagioso cuando narra la historia de la bodega, un relato donde la palabra “nosotros” está presente siempre. Entonces, muestra las fotos de su teléfono donde aparecen sus hijos ayudando a pegar etiquetas, la transformación del espacio que compraron para salir del garaje familiar, la sorpresa al encontrar una turbina olvidaba, cubierta de maleza; también narra con detalle cómo se canalizó el agua y se abrieron los caminos. Cuando aparece alguno de los 25 productores con los que trabaja, lo señala con nombre y apellido, hasta se cuela alguna anécdota o imagen de la parrilla al final alguna jornada.
Patrimoniales de aquí y de allá
El portafolio de Maturana Wines está compuesto por las variedades de Carmenere, Garnacha, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Viognier y Semillón, pero también posee algunas de las llamadas uvas patrimoniales en Perú, como La Negra Criolla que en Chile se le conoce como País, la Mollar que se le llama San Francisco, también están presentes Torontel y Moscatel. Cuando el enólogo enumera las vides, inserta explicaciones sobre la edad de los viñedos, los lugares dónde están ubicados, cómo los encontró, entre otros detalles. Aquí todo responde a circunstancias específicas, que bien vale conocer para apreciar cada etiqueta en su justa dimensión.
Maturana Wines trabaja en batch pequeños demostrando cuánto se crece un vino prestándole atención al terroir y a los detalles. “Soy un transformador. Elaboramos vinos para mercados maduros, de consumidores curiosos, donde está clara la afinidad con la gastronomía”, expresa el José Ignacio Marturana, enólogo de la bodega.
Carmenere ícono y comienzo
El MW 100% Carmenere resulta su etiqueta más icónica, con la que se lanzó al ruedo. Generosa en detalles como que el 50% estuvo en barricas de roble francés de cuarto y quinto uso, el resto en barricas de estreno del mismo tipo de madera y otra parte en huevos de concreto, a lo que le siguió un reposó de 18 meses en botellas. Eso explica su sedosidad, su perfecto ensamblaje donde resaltan además de los frutos rojos, notas achocolatadas y especiadas, una armonía que se aprecia en cada sorbo, y con un final largo que invita a hacer pausas. Al revisar notas de cata de distintas guías de vinos, todas coinciden en resaltar su complejidad, tanto, que ostenta en su etiqueta varias medallas.

MW, Maturana Wines
La línea premium la integra una variedad de uvas que van desde las más conocidas internacionalmente a las patrimoniales, que, además abarcan toda la paleta de colores del vino. Algunas etiquetas en el mercado peruano son “Lucas”, un Cabernet Sauvignon en 85% que también contiene Petit Verdot y Cabernet Franc, de elegancia sobresaliente, tanino suave y carácter firme. Resulta sedoso, con inesperadas notas afrutadas, que bien merece descorcharse en una ocasión especial.
Naranja y natural
Por su parte, “Naranjo” es un vino naranja o ámbar de uva Torontel, una tendencia creciente que retoma esta forma ancestral de vinificación, donde uvas blancas son vinificadas como tintas. En este caso, resulta una opción idónea para iniciarse en esta categoría que resulta golosa en boca, con cuerpo, frescura y acidez, lo que lo hace fácil de armonizar con diversidad platos. Esta etiqueta desde que salió al mercado está en el pódium de los más premiados en su categoría dentro y fuera de Chile.
