Conversamos con Claudio D´Auria, sommelier y gerente comercial regional de la reconocida bodega uruguaya Garzón, quien estuvo de paso en Lima. No es la primera vez que nos visita, conoce muy bien Lima, viene desde 1998, se declara fan del ceviche y tiene más que claro que el Albariño de Garzón es el acompañante ideal de nuestro plato bandera. Ahora les contamos porqué.
Bodega Garzón, ubicada en poblado de José Ignacio, en Punta del Este, se caracteriza por hacer vinos de máxima calidad con fuerte identidad, gran personalidad y un profundo sentido del lugar. Es un proyecto que vincula arquitectura, naturaleza, viticultura y turismo con criterios de sostenibilidad medio ambiental y energética. Fue fundada por la familia Bulgheroni, es la primera bodega en el mundo en obtener la certificación LEED para todas sus instalaciones y servicios de hospitalidad.
Es un ícono de vanguardia en la región, el año pasado fue elegida, por quinto año consecutivo, en el TOP 10 de World’s Best Vineyards, el ranking de las mejores bodegas del mundo, destacándose en 2019 y 2020 en el segundo lugar. Además de su galardón como Mejor Bodega del Nuevo Mundo 2018 según Wine Enthusiast en el marco de los Wine Star Awards, por su innovación y liderazgo, y su aporte al mundo de los vinos de alta gama.
En 1999, cuando los Bulgheroni adquirieron la propiedad se embarcaron en un proyecto para crear vinos de alta calidad. Bajo su dirección, se contrató al reconocido enólogo italiano Alberto Antonini, quien supervisó las plantaciones y el desarrollo de los viñedos, fusionando la elegancia del estilo antiguo con las nuevas energías para crear vinos exclusivos.
“Lo que hace especial a Garzón es su localización geográfica y topográfica, pero además la visión y emprendimiento de la familia Bulgheroni, que encontró un lugar único y que le sumó una vocación por la excelencia. Entonces, todo apunta a mantener y crecer en pos de la excelencia. Vas a encontrar un lugar único, que la gente conoce como la ´pequeña Toscana´ en Uruguay, por tener un paisaje natural parecido a la región italiana. Tiene principios de sostenibilidad por encima de todo. Es una visión de ser y estar entre las mejores bodegas del mundo. Llevamos 14 vendimias haciendo lo mismo, somos un caso icónico, con tanta juventud seguimos cosechando premios y nos respaldan los 60 mercados en los que estamos”, sostiene Claudio D´Auria.
Albariño uruguayo, un “producto rupturista”
“Rompimos paradigmas con el Albariño. Llevamos los vinos blancos a trasgredir categorías. Es una uva blanca originaria de la Península ibérica -portugueses y españoles se pelean por su origen-, que se da muy bien en nuestro terroir. Tanto ellos como nosotros tenemos varios puntos en común como la influencia marina, -Garzón está a 18 kilómetros del océano Atlántico-, así como los suelos minerales. El caso de Garzón es único porque su subsuelo es una placa tectónica de granito de millones de años que le otorga mineralidad a sus vinos. Además, tenemos un viento único que trae la salinidad del océano, se llaman Virazón, nos proveen humedad todos los veranos y bañan nuestras viñas; eso le da a nuestros Albariños notas yodadas, minerales y salinas. Somos el mayor productor de Albariño de la región”, afirma Claudio.
Todos estos factores garantizan vinos elegantes con perfecto balance entre alcohol, acidez y fruta.
“En el caso del Albariño lo que más nos sorprende es que el consumidor sabe que es algo diferente, una apuesta en valor por una región no tradicional y por una variedad que no es local. Un producto rupturista. Y el consumidor cada vez busca cosas nuevas como esta. Lo que nos diferencia es que nosotros combinamos esa acidez marcada con bastante fruta como maracuyá, durazno amarillo, así como con aromas florales, notas a jazmín, magnolias. No usamos madera, tenemos la menor intervención posible, usamos toneles de roble francés sin tostar. También usamos huevos de concreto, lo que buscamos ahí es volver al origen”.
Redacción Sommelier
