La gama, conformada por el Albilla d’Ica y el Amore d’Ica, ha modernizado su imagen, pero conserva su sello original. Es el equilibrio único entre aromas y sabores afrutados, bajo alcohol y dulce armonioso, y la ligera presencia de gas natural. Esta vez, dos sommeliers profesionales nos dicen cómo acompañarlos.
Esta línea fue un desafío propuesto por don Pedro Olaechea, entonces director de Tacama, y el enólogo francés Robert Niederman. Inspirados en los vinos de Asti, Italia, y pensando que su perfil fresco y dulce se adaptaría muy bien al paladar peruano, nacieron el Albilla d’Ica y el Amore d’Ica. Y con ellos, la línea Vino de Aguja (alguna vez llamada Celebración). Era el año 2001.
Los vinos de Aguja son mostos parcialmente fermentados que conservan parte del gas carbónico. A diferencia de los espumosos, que se elaboran con dos fermentaciones —una para el vino base y otra para la toma de espuma—, los Aguja solo se realizan con una fermentación que es interrumpida para conversar el azúcar natural de la uva y un poco del gas carbónico. “Tienen grado alcohólico bajo (8.5 %), contenido de azúcar natural alto y un poco de gas”, explica el enólogo y gerente técnico de Tacama, Frédéric Thibaut.
Propuestas para maridar
En lo que respecta al sommelier profesional Edgard Sialer, el Albilla d’Ica a vista tiene un color amarillo pajizo, limpio y de buen brillo; en olfato se siente floral, acompañado de frutos tropicales, melocotón, piña y ligeramente mango. “En gusto, su acidez, dulce y alcohol armonizan dejando una agradable sensación y una delicada efervescencia, además de un sutil picor y amargor que resulta refrescante”, agrega. En este caso, el sommelier recomienda un maridaje con quesos cremosos, tipo Blue Cheese y Filadelfia, frutos secos y pasas. Dejará huella en quien lo pruebe.

Albilla d’Ica de Tacama
¿Otra idea? Fruta fresca y con sabores cítricos, tales como mango, piña, manzana y aguaymanto en poca cantidad. Según Sialer, lo mejor será servirlo a unos 10 °C o 12 ºC de temperatura y en una copa de vino blanco con cáliz en forma de tulipán que se estreche en la parte superior, así ayudará a que despliegue sus aromas y no pierda su efervescencia.
El Amore d’Ica, por otro lado, está hecho a base de uvas Malbec cosechadas a mano. Tiene el mismo equilibrio de fruta, azúcar, alcohol y gas que el Albilla, pero su perfil aromático es más de frutas rojas, como fresa y frambuesa. Según el enólogo Thibaut, se eligió la cepa Malbec porque, de las uvas tintas de Tacama, es la de carácter más afrutado y tiene buena acidez, lo que es valioso para la armonía con el contenido alto de azúcar que caracteriza a los vinos Aguja.

Amore d’Ica de Tacama
Pedro Cuenca, sommelier experto de Supermercados Wong y director de Peruvino, lo probó y comentó: “En el Amore d’Ica, en vista se aprecia un color rojo frambuesa y una cantidad moderada de burbujas. En nariz, sus aromas recuerdan a manzanas acarameladas, fresas maduras y frambuesas. En boca es dulce, ligeramente efervescente, fresco y amigable”. El sommelier aconseja acompañarlo con postres como la tartaleta de fresa o el cheesecake de frambuesa. O con platos orientales agridulces como el Kam Lu Wantan o el pollo ChiJauKay. Asimismo, el plan ideal será disfrutarlo a una temperatura entre los 9 °C y 10 °C —una hora en la refrigeradora será suficiente— y en una copa de vino blanco.
Si te interesaron los vinos de la nota, puedes adquirirlos en la web de Tacama o licorería El Pozito.
NDP
